VIVIR CON ESPERANZA

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Juan 11:25-26)  

Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Hebreos 6:15)

            La vida pasa de una manera fugaz. Nos pasamos la vida esperando cosas, pareciera que son más las cosas que esperamos que las que tenemos. Es la manera de vivir del ser humano; de esperanza vive el hombre. Ahora, cuando perdemos la esperanza, entonces, todo está perdido. Hay un famoso dicho rondando por el mundo que dice que “mientras hay vida, hay esperanza”. Pareciera que la vida y la esperanza están enlazadas la una con la otra; no pueden vivir separadas. Si tienes vida, tienes esperanza; pero si no tienes esperanza, entonces estás muerto en vida. Pasarás por este mundo sin rumbo ni dirección.

            La Palabra de Dios también se trata de esperanza y esperanza. Bueno, en el principio creó Dios los cielos y la tierra; y al crear al primer hombre, lo puso en el Edén y le dio todo lo que necesitaba. Y luego vino el pecado. Es aquí donde no puedo imaginarme cómo se sintió el hombre después del primer pecado, cuando perdió la esperanza. Me imagino que se sintió solo, descorazonado y abatido. El hombre ha perdido la amistad íntima con Dios, razón suficiente para que se sienta absolutamente solo, sí, absolutamente solitario. Ahora todo es tinieblas y está totalmente  sin esperanza. Pero Dios sabe que el hombre vive de esperanza, así que ese mismo día se hizo presente para hacer un pacto con Adán, y fue así como surgió el primer rayo de esperanza para el hombre.  

            Dios había hablado de alguien de la simiente de la mujer, que causaría daño irreparable a la simiente del diablo. Y sigue la historia y el hombre se multiplica, y se hacen grandes naciones y los pueblos echan raíces y se extienden por toda la tierra. Y entre toda esa multitud de gente, Dios toma a un hombre llamado Abram de Ur de los Caldeos y le hace una promesa que a simple vista parece absurda. Le dice que su descendencia será enorme, tan enorme como las estrellas y además le dice que en su simiente serán benditas todas las naciones de la tierra. Es Abraham el heredero de la promesa, y luego Isaac, y más tarde Jacob. Y todo ese linaje vive de esperanza, esperanza inspirada por las promesas de Dios. En estos pactos Dios les decía que Él sería su Dios y ellos su Pueblo. Pero se requería fe, porque muchas veces estos pactos carecían de evidencia; era la fe la que les daba la esperanza.

            Ahora, la historia nos demuestra que Dios jamás dejó de lado sus promesas. En los momentos más difíciles la promesa siempre fue renovada. En cada situación difícil, Dios siempre se hace presente con una luz o un rayo de esperanza.

            Un ejemplo de esperanza lo encontramos en un hombre llamado Job, se le conoce popularmente por su paciencia sin comparación. Este hombre cayó en circunstancias o situaciones escalofriantes que se puedan experimentar en este mundo. Es casi imposible expresar con simples palabras como sus desgracias se amontonaron de una manera increíble. Perdió sus hijos, sus posesiones que eran de las más grandes de su época, perdió el respeto de su propia esposa quien le aconsejó que maldijera a Dios y que se muriera. Perdió todos sus amigos y hasta su salud. Lo perdió absolutamente todo. ¡Todo!, a excepción de la esperanza.

            Pero no era cualquier esperanza, porque era la esperanza de la promesa de Dios. Y Dios siempre cumple. Así lo testifican las Escrituras, y así lo podemos testificar los que hemos vivido bajo las alas de Dios. Cuando un Diputado o cualquier otro político prometen algo, tenemos experiencias de sobra para poder dudar de semejantes promesas. Hasta podría usted dudar de las promesas de la esposa frente al altar; Pero estas promesas provienen de Dios, del Dios Omnipotente, El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

            Ciertamente seguimos viviendo de esperanza, Dios ha prometido nada menos que vida eterna para todos aquellos que creen en su hijo Jesucristo. Nos ha prometido que cuando terminen nuestros días sobre la faz de la tierra, pasaremos a la esfera Celestial donde estaremos dando inicio a una nueva etapa de la vida… esta es nuestra esperanza en Cristo.

            Puede ser…  sí, puede ser que esto del evangelio no sea otra cosa que promesas, promesas y más promesas. Pero no nos olvidemos por ningún motivo, que son promesas de Dios, y son promesas que valen y son promesas de vida eterna. Algunas personas preguntan por evidencias, y estas abundan, ¡claro que sí! Sin embargo, estas no siempre son visibles a los ojos naturales. Ultimadamente esto es cuestión de fe, y no se trata de una fe sin fundamento o una fe ciega, sino de esa clase de fe que nos habla el escritor del libro de los hebreos: “CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA, LA CONVICCION DE LO QUE NO SE VE”.

        “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: Que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. (1 Tesalonicenses 4:13-17)

          Podremos perder cualquier cosa en este mundo, pero asegurémonos de no perder la fe ni la esperanza. Porque fiel es el que prometió.

            Que nuestro señor Jesucristo los bendiga;

Su hermano: Antulio Meneses.

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