EL MUNDO ESTA EN PROBLEMAS

Bueno, yo no soy un analista financiero y mucho menos un analista político. Pero habiendo mucha gente sin trabajar, sin producir, es obvio que viene una catástrofe financiera mundial que nos puede llevar a una escasez de alimentos, y eso traerá una inestabilidad en la política del mundo, que creará un ambiente propicio para establecer el nuevo orden mundial que tanto se está hablando.

Todos los que nacimos en los años 40 y los 50, experimentamos acontecimientos increíbles en este mundo. Hemos visto muchas cosas buenas, y también muchas cosas malas. Vimos grandes adelantos en la ciencia y la tecnología, que han ido cambiando la forma de vida de las familias, de los pueblos y de las naciones. Sin embargo, también nos ha tocado vivir, o por lo menos, escuchar de grandes tragedias, como: terremotos, tsunamis, huracanes, incendios devastadores y el mundo del narco-tráfico. Y eso, sin contar las guerras mundiales; pero nuestros ancianos que nacieron antes de los 40, nos pueden contar del terror que causa una guerra mundial.

Ahora estamos siendo atacados por una pandemia, que ningún gobierno ha podido controlar. Ya casi se cumplen dos años de estar viviendo con el temor de ser contagiados del coronavirus, y cada día escuchamos que sigue cobrando vidas en todo el mundo.

A consecuencia de esto, mucha gente se pregunta ¿Por qué Dios permite todo esto?

Primeramente, quiero que sepamos que Dios no causa ninguna de las tragedias que ocurren en el mundo, como, guerras, huracanes, terremotos, inundaciones, tornados, tsunamis y fuegos que son muy populares en el estado donde vivo, California. Así como también, hambres y epidemias, y desde luego no podemos dejar de mencionar las “pandemias”, como esta del “coronavirus” que está haciendo estragos en la economía y lastimando duramente a la raza humana.

Dije que Dios no causa ninguna de estas cosas, y muchos me dirán: Pero, Dios fue quien permitió que vendieran a José, el hijo de Jacob, aunque ciertamente lo hizo con propósitos de preservar a su pueblo; ya que José fue a parar a la cárcel, y posteriormente fue a parar al palacio del Faraón de Egipto, donde fue nombrado primer ministro de toda la nación, y de esa manera pudo alimentar a toda la familia de Jacob su padre, durante un periodo de siete años de hambre que hubo en toda la tierra.

Eso es cierto; y como este caso, podemos ver muchos otros en el Antiguo Testamento, donde Dios interviene constantemente en la humanidad, muchas veces para castigar a su pueblo, por su constante desobediencia, y otras veces para salvarlo, como el caso de las plagas, para liberarlo de la esclavitud de Egipto. También en la rebelión de Coré, cuando mató a 250 hombres (Nm. 16:35) y de los murmuradores mató a 14,700 (Nm. 16:49).

En otra ocasión, mató a 70 mil hombres en una pandemia, como castigo por haber realizado un censo del pueblo (2 S. 24:15). Todo esto sucedió en el Antiguo Testamento, cuando Dios tenía un trato personal y directo con su pueblo. Pero, cuando vino nuestro Señor Jesucristo, Él dio su vida por nuestros delitos y pecados. Todas nuestras transgresiones fueron borradas, y ya no tenemos que hacer todos los ritos ceremoniales que tenían impuestos.

Desde entonces, Dios dejó al hombre a su libre albedrío, pero dejó también un terrible castigo para el final de los tiempos, del cual, si quiere salvarse solo tiene que aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador. Pero, es triste ver que el hombre no quiere saber nada de Dios, y sigue haciendo todo de acuerdo a sus deseos, viviendo una vida pervertida, llena de envidia, avaricia, sin amor al prójimo, llenos de fornicación, de engaños y toda clase de malignidades. Sabiendo y entendiendo que los que practican tales cosas son dignos de muerte (Ro.1:29-32) Pero, por la dureza del corazón del hombre, y de su corazón no arrepentido, atesora para sí mismo, la ira para el gran día final del justo juicio de Dios (Ro.2:5).

Dicho esto, podemos darnos cuenta, que Dios no tiene necesidad de enviar juicios a la tierra durante este tiempo de la iglesia de Cristo, porque el juicio está reservado para el gran día final; y, porque en este tiempo, el hombre se está matando solo. Sin embargo, hay algo que Dios no va a permitir, y esto es un pensamiento personal, de que Dios no va a permitir que ocurra una tercera guerra mundial; porque hoy en día, si pelearan las grandes potencias del mundo, toda la raza humana se acabaría, pues con las armas nucleares que poseen todos los países, los científicos creen que solamente las cucarachas podrían sobrevivir, y eso aún es dudoso. Esa guerra, está reservada para el final de la Gran Tribulación.

            Ciertamente hay muchas profecías acerca de huracanes, terremotos, pandemias y muchas otras cosas terribles que están pasando en la tierra, y el que Dios nos las haya dicho en su Palabra no quiere decir que Él las provoque, pero quiere que sepamos todo lo que viene. Y la verdad, es que ya están pasando muchas de las señales del fin. Recordemos que Dios es Omnisapiente, Él lo sabe todo… sí, absolutamente todo lo que va a suceder Dios lo sabe. Y nosotros, los que creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, que sabemos que es el medio que Dios está usando para comunicarnos todo lo que viene, gozamos de ese privilegio de saber de antemano, para que estemos preparados para ese gran momento.

1Ts. 5:4-6 dice: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”.

Por la Palabra de Dios sabemos que Cristo viene pronto por su pueblo. De un momento a otro sonará la trompeta y seremos arrebatados… pero, ¿Quiénes serán arrebatados? Solo los que hayan sido lavados con la Sangre del Cordero, los que hayan recibido a Jesucristo como su Salvador personal… La buena noticia es que la Puerta aún está abierta, y tú, sí, tú que lees, puedes entrar por ella ahora mismo, entregando tu vida a Jesucristo. ¡Hazlo pronto! Porque el tiempo está cerca.

Dios te bendiga;

Antulio Meneses

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