LLEGA OTRA VEZ LA NAVIDAD

Pero, ¿Sabe usted lo que eso significa?

            Todos los años, cuando llega el mes de diciembre, pareciera como que el mundo cambia. Se siente en el ambiente, y, en casi todo lo que nos rodea. Hay una sensación de fiesta y alegría que contagia a todos los pueblos, y, a las ciudades grandes también. Es como si algo misterioso inundara los corazones de la gente; como si de pronto, todos los seres humanos cambiaran, y se vuelven más sensibles, y más amorosos. Por todas partes podemos ver luces y adornos que nos hacen sentir que estamos en una dimensión diferente; hay alegría y una sensación de felicidad hasta en los corazones más amargados. Yun espíritu de perdón y de amistad se cierne en todos los rostros de niños y adultos, creando un ambiente realmente ¡maravilloso!

            Todos los personajes de la historia de la primera navidad, aparecen en todas partes; en los anuncios, en las tiendas, en las tarjetas postales y las que damos a los amigos con un saludo navideño. En muchos lugares encontramos a José y María, y también a los pastores de ovejas que acudieron a visitar a un recién nacido, sin faltar los magos o astrólogos del oriente, que venían siguiendo la Estrella que anunciaba el nacimiento del nuevo Rey de los judíos. Todos estos personajes aparecen con trajes resplandecientes y con una apariencia ostentosa, digna de los palacios reales… pero fue todo lo contrario. El pueblo de Israel estaba viviendo una época de mucha pobreza, de opresión bajo el imperio romano; quizás era el tiempo menos indicado para que apareciera el Personaje que iba a ser la Persona más importante de toda la historia humana. Pero, fue entonces cuando apareció el Ángel Gabriel con un mensaje que cambiaría la vida de dos personas humildes que vivían en un pequeño pueblo, en donde pocos deseaban vivir. Nazaret era un pueblecito de gente mal hablada y mal educada de la época; quizá por eso Natanael respondió a Felipe con palabras de cierta incredulidad, diciendo: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Jn. 1:46) … Pero, efectivamente, fue en tiempos de pobreza, que el Ángel Gabriel se le apareció a María saludándola con estas palabras: ¡SALVE, MUY FAVORECIDA! EL SEÑOR ES CONTIGO (Lc. 1:28)

            ¡Favorecida! ¡Qué palabra tan especial! Significa “llena de gracia”; también encontramos la misma palabra en Efesios 1:6 pero aquí, se aplica a todos los creyente de Jesucristo. Los que hemos creído en Cristo, conocemos la gracia de Dios de una manera muy especial, que no se puede comparar con nada del mundo. Dios derramó su gracia en nosotros el día que nos convertimos a su Hijo Jesucristo, y no lo hizo porque seamos muy buenos, o ejemplares, o que hayamos hecho algo para merecerla; todo lo contrario, éramos pecadores, sin Dios y sin esperanza, pero lo hizo porque dejamos que Cristo viniera a morar en nuestros corazones, entonces, Él vino a morar dentro de nosotros por el poder del Espíritu Santo.

            Nuestra vida en Cristo manifiesta la gracia de Dios, porque, nosotros que en otro tiempo vivíamos apartados de Dios, muertos en nuestros delitos y pecados, Dios en su grande amor y misericordia nos perdonó y nos salvó por medio de su Hijo Jesucristo. Sí, sí, tan solo por haber creído en su Hijo, nos dio vida juntamente con Él (Ef. 2:1-5) … esto, mi amado hermano, es el regalo más grande que pueda existir en todo el universo, “la gracia de Dios”.

            El Ángel Gabriel, después de saludar a María, le dijo: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Lucas 1:30-31)

            Dios el Padre, escogió ese Nombre desde antes de su nacimiento, y significa “Jehová es Salvación”. Dios se estaba acercando a este mundo para poner fin a un plan que había estado trazando desde los inicios de su creación, para salvar a una humanidad que se había perdido en las profundidades del pecado y la maldad. Ahora, aparecería en este mundo, en la Persona de Jesucristo, quien cambiaría el curso de la historia para siempre.

            El ambiente que reinaba cuando nació Jesucristo, era de mucha pobreza y malestar social; María era una muchacha quizá entre los 14 y 16 años de edad. Su estatus no era como las muchachas de su edad que hoy día se conectan diariamente en Facebook o Instagram, ¡No!, María era una muchacha de condición humilde, sin experiencia de la vida, enamorada de un joven con quien estaba comprometida para contraer matrimonio. Su novio era José, y no era el rey de la época, ni mucho menos alguien de renombre, sino, un joven carpintero que su único anhelo era tener una familia normal y feliz al lado de María. Quizás tenían muchos planes para su matrimonio, sin embargo, todos aquellos planes cambiaron totalmente, cuando el Ángel se le apareció a María, y decidieron por la fe, seguir el plan que Dios había trazado para sus vidas. María respondió al Ángel con estas palabras: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lc. 1:38)

            Podría seguir escribiendo muchas cosas de aquel acontecimiento histórico, y la verdad es que no tendría fin. Las vidas de José y María cambiaron; de igual manera cambian las vidas de todos aquellos que por la fe se acercan al protagonista de aquella primera navidad. El nacimiento de Jesucristo cambió la historia de la humanidad, y sigue cambiando a todas las personas que deciden seguir sus enseñanzas.

            Navidad es algo muy diferente de lo que vemos en las vitrinas de los negocios. Navidad, es dejar que el Cristo de la Gloria viva en tu corazón, y cambie tu vida.

            Ciertamente es una temporada de mucha alegría y regocijo, pero también un tiempo en el cual, todos nuestros sufrimientos y las luchas diarias de la vida se ven iluminadas por la misma presencia de Dios encarnado en Jesucristo. Tiempo en el que Cristo se identifica con nosotros para que nosotros nos identifiquemos con Él. Es una maravillosa temporada en que Cristo sigue invitando a que vivamos una vez más aquella primera navidad, pero no para nacer en un pesebre, sino, esta vez, “para nacer en nuestros corazones”.

            Unas palabras finales: Quizás usted se da cuenta que en esta época todos se hacen regalos; pero, por alguna razón usted está aislado de toda esa fiesta que hay a su alrededor; y usted no puede darle un regalo a alguien, y quizás usted tampoco tiene alguien que le regale algo. Pero, Dios sí tiene un regalo para usted. Dios mismo es el regalo más maravilloso que usted pueda recibir en esta Navidad. La Encarnación es la verdadera esencia de la Navidad, es Dios irrumpiendo en la humanidad, para dar esperanza, paz y, sobre todo, vida eterna a todos los que quieran aceptar su regalo.

            Si usted quiere ese maravilloso regalo, dígale a Dios estas palabras: “Padre, confío en Jesús como mi Salvador personal. Acepto que he pecado, y reconozco que Él es el Hijo de Dios y mi única esperanza, le entrego mi vida y todo lo que soy, Amen”.

            Que Dios los bendiga ricamente;

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